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Un beso en el fondo del agua





Muriel entró a la consulta del magnetista con el típico síntoma de decadencia energética. Un pesar en los  pies arrastraba un pesar en el alma de sus ojos azules. Saludó con la mano flácida, sin ganas. Se sentó en el diván y comenzó a hablar. El magnetista le sugirió silencio con un gesto de la mano.
-   -  Recuéstese por favor, su voz es dulce, lago calmo en la tormenta agitada.
Muriel miraba el techo sin esperanza. El magnetista le hizo cerrar los ojos con sus dedos suaves. Y la besó profundo en la boca.
-        - Pero, pero ¿Qué hace?, gritó con el rostro desencajado mientras se incorporaba de un salto.
-          Hacerla gritar, hacerla reaccionar, sacarla del letargo inútil en el que se encuentra.
-          ¡Usted está loco!, dijo indignada.
Salió dando un portazo. A los cinco minutos volvió. El magnetista le dijo sin dudar un segundo:
-          El jueves que viene a las 14:30 hs, sea puntual por favor.




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