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Besar sin nombre


El magnetista estaba sentado en la tarde de sus pensamientos cuando la puerta se abrió lentamente y la voz de Berenger sonó como un mensaje bajo el agua, vago y lento. 

- Sé que no tengo cita, dijo Berenger . Pero necesitaba hablar.
- Pase, cedió el magnetista, siéntese por favor. Tiene suerte porque en este momento estoy desocupado. ¿Quiere un vaso de agua? Exploró el magnetista.
- Si, gracias. Mientras servía un vaso de agua fresca el magnetista indagó al aire.
- ¿Qué es lo que sucede?
- Estaba en un bar y súbitamente entró ella, con su vestido estampado y sus tacos destacando sus piernas suaves y largas. Y entonces conversamos. Y tropecé con su beso en mitad de mi vida. ¿Usted cree en el amor?, indagó Berenguer.
- Lo que yo crea no tiene importancia, dijo el magnetista acomodándose en su sillón negro, que le da un aire imponente a sus hombros anchos, su boca tersa y sonrisa suave.
- Por favor, necesito una respuesta, tengo miedo de sufrir. Insistió Berenguer
- El amor, Berenguer, es una posibilidad. Concedió el magnetista. En tanto posibilidad existe en el futuro. El amor como posibilidad sucede muy pocas veces porque es un momento en el que nuestro universo se bifurca, y debemos tomar un camino y no el otro. Lo que nos asusta del futuro es su condición de irreversible. Amar es un hecho irreversible pero siempre es una opción. ¿Está usted dispuesto a amar, Berenguer?

La tarde pensaba en los pasos lentos de Berenguer por la calle. En el bullicio de la ciudad solo la fuente de agua dejaba escuchar su canto. Berenguer entró al bar y la vio sentada sonriendo. Ella se puso de pie para abrazarlo, en cambio él la besó profundo en los labios. Y mientras la besaba y ajustaba su cintura a la suya, Berenguer recordó la frase final del magnetista: No se puede nombrar aquello que no se conoce. Amar es besar sin nombre.



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