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Tarot


La luz de la lluvia caía gris sobre el rostro de Azul, triste y sensual. Sus lágrimas buscaban la trayectoria de su escote, pronunciado desfiladero en la línea recta hacia el mar de su tristeza.

La tarde abrió la boca y el azar se coló por la ventana. El magnetista supo qué hacer.

- Creo que por hoy ha sido suficiente. Pero antes de irse creo que la reconfortará que hagamos un ejercicio. Azul lo miró aún triste pero intrigada.

El magnetista cogió de su escritorio negro de diseño italiano una caja antigua, labrada, misteriosa. Sacó de su centro un juego de naipes de Tarot. Cuando abrió la caja un perfume a lilas inundó el lugar. Luego se sentó en su escritorio, invitó a Azul a hacer lo mismo y comenzó con los ritos del Tarot.

- Exploremos a ver qué nos dicen los arcanos, dijo sin mirar a Azul.

Y luego la miró y frente al desconcierto de su rostro aclaró:

- Los arcanos, secretos ocultos, en sánscrito. Sonrió y Azul asintió.

Con la lluvia hablándole al oído, el magnetista desplegó arcanos mayores y menores, combinó imágenes e interpretó futuros. Cuando paró de llover Azul salía de la consulta del magnetista con una sonrisa blanca y luminosa. Nada mejor que inventar un futuro para creer en el futuro.



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